Además de una hermosa experiencia de lectura en familia con jóvenes especiales en Villa de Leiva, Boyacá.
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lunes, 22 de junio de 2020
ASUNTOS MAYORES PODCAST 16: Estremecedor testimonio de falso positivo de covid-19
Presentamos un tema musical dedicado al día del padre. Un estremecedor testimonio de los familiares de un mayor fallecido en Medellín, falso positivo de covid-19, que por poco es cremado.
domingo, 31 de mayo de 2020
Escucha el Podcast: ASUNTOS MAYORES 13 ¡Que Vuelva!
En esta edición disfrutarás del tema “Que vuelva” del cantautor
español Juan Valderrama, luego en la sección la voz del especialista damos la
bienvenida a la médica geriatra María Francisca Echeverry, quien nos invita a NO
visitar a nuestros viejos y viejas y nos recomienda, con insistencia: “… ya que
los tienes (a tus mayores), no generes la forma de poderlos abrazar, genera la
forma de esperar ese abrazo cuando esto termine: No termines tú con ellos
antes”.
Luego escuchamos el mensaje enviado por Elizabeth Ríos, sobre
la libertad en tiempos de vejez.
Damos cabida también a la animadora mexicana Patty Kelly
México, invitando a la NO DISCRIMINACIÓN DE LAS PERSONAS MAYORES EN ÉPOCA DE
PANDEMIA.
Igualmente, compartimos la creación de nuestros viejos campesinos
inspirada e interpretada en tiempos de coronavirus, por las personas mayores
del Centro Día Bello Amanecer, del municipio Belén de Umbría, departamento de Risaralda.
Y a Juan Carlos Jaramillo, con una invitación a saludar a nuestro yo interior. Para finalizar,
escuchamos al salsero PANAMEÑO, Rubén Blades, en su más reciente tema en compañía
de Ceferino Nieto, en el cual dan ánimo al pueblo panameño que se encuentra
actualmente encerrado.
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Héctor Tabares Ortiz,
Medellín,
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Rubén Blades
Ubicación:
Bogotá, Colombia
miércoles, 13 de mayo de 2020
Cuando la araña termine su trabajo
(Ganador en el Concurso de cuento Eduardo Carranza, Sopó-Colombia, 2019)
“En el portal ahora ha crecido el musgo,
musgos distintos,
¡demasiado profundos para limpiarlos!”
Ezra Pound.
musgos distintos,
¡demasiado profundos para limpiarlos!”
Ezra Pound.
PASO
LA TARDE EN MI JARDÍN
evocando los aromas mojados
que anteceden la lluvia inesperada
y nos veo
con el tiempo
mi viejo y yo en un dispensario de muros altos
y postigos cerrados,
donde el musgo y los bejucos crecen.
evocando los aromas mojados
que anteceden la lluvia inesperada
y nos veo
con el tiempo
mi viejo y yo en un dispensario de muros altos
y postigos cerrados,
donde el musgo y los bejucos crecen.
Me la paso circulando entre el baño y el
patio:
el patio de mosaicos amarillos cagado de palomas donde robo algo de sol quemado
y el baño que vive abierto.
el patio de mosaicos amarillos cagado de palomas donde robo algo de sol quemado
y el baño que vive abierto.
Tiré las agujas
los hilos
volví a fumar,
no he vuelto a calentar el espíritu
ni a caminar por el sereno,
engordé
no hojeo libros,
me mantengo sentada al borde del catre con la mirada fija,
observando una araña que teje su muralla desordenada,
sucia,
en el resguardo del drywall que separa mi camastro
y el lecho del viejo que casi está ahí,
que sonríe y sonríe de puro bueno sin comprender nada.
No le digo que ocasionalmente me paro y me caigo,
me levantan,
me traen a la alcoba.
los hilos
volví a fumar,
no he vuelto a calentar el espíritu
ni a caminar por el sereno,
engordé
no hojeo libros,
me mantengo sentada al borde del catre con la mirada fija,
observando una araña que teje su muralla desordenada,
sucia,
en el resguardo del drywall que separa mi camastro
y el lecho del viejo que casi está ahí,
que sonríe y sonríe de puro bueno sin comprender nada.
No le digo que ocasionalmente me paro y me caigo,
me levantan,
me traen a la alcoba.
le doy su sopa espesa,
tibia,
él me da besos.
Rosa mis labios con sus dedos,
a veces,
con fresca realidad.
Yo me meto en su lecho.
Nos nutrimos del calor que nace en el espacio de nuestros cuerpos que se aferran el uno al otro.
Su cuerpo huele a hollín de leña menuda.
Me cubre.
Lo siento un tanto más frágil de cuerpo que de alma.
Me alegra que cuando escucha una palabra que
puede recordar de un poema que sabíamos juntos
le sonríe el alma.
Nos hablamos sin mover los labios.
Vivo en mi corazón lo que su corazón olvida.
le sonríe el alma.
Nos hablamos sin mover los labios.
Vivo en mi corazón lo que su corazón olvida.
A veces se queda largo rato abrazado a su
radio como un árbol caído.
Yo le mimo sus pelicanos cabellos.
Él simplemente escucha la hora.
Yo le mimo sus pelicanos cabellos.
Él simplemente escucha la hora.
La araña es mi conciencia a ras de piso,
mansa,
amigable.
Es café.
La llamo ´Dayis´ como llamo a mi hermana.
mansa,
amigable.
Es café.
La llamo ´Dayis´ como llamo a mi hermana.
De mi cama a la araña hay dos pasos.
Por momentos me le acerco con cuidado,
la coloco en un recipiente,
la saco al patio;
ella,
de largas patas frías,
en la mañana está de nuevo empezando a tejer y retejer en su cobijo.
Por momentos me le acerco con cuidado,
la coloco en un recipiente,
la saco al patio;
ella,
de largas patas frías,
en la mañana está de nuevo empezando a tejer y retejer en su cobijo.
Sobrevivimos en la orilla.
Nos veo vueltos un estorbo,
un trío de expulsados del mundo,
sin muerte en qué vivirnos,
como la planta que nace,
se forma,
se reproduce,
yace achicada en un recodo donde la muerte quiere.
Nos veo vueltos un estorbo,
un trío de expulsados del mundo,
sin muerte en qué vivirnos,
como la planta que nace,
se forma,
se reproduce,
yace achicada en un recodo donde la muerte quiere.
Lo evidencio:
siento que somos marionetas que no pueden desprenderse del hilo
con sueños y vigilas que no pueden separarse en vida.
siento que somos marionetas que no pueden desprenderse del hilo
con sueños y vigilas que no pueden separarse en vida.
Un día me encuentro acurrucada en el suelo
recelosa de mi propia sombra
reparando que la casa se hunde
que el aire erosiona las paredes
que pueden caer a mi alrededor.
Bajo las persianas
habito en la oscuridad
no regreso al patio.
recelosa de mi propia sombra
reparando que la casa se hunde
que el aire erosiona las paredes
que pueden caer a mi alrededor.
Bajo las persianas
habito en la oscuridad
no regreso al patio.
Solo cuando la araña termine su trabajo
volveré a sonreír
me levantaré derrengada desde el centro del silencio
me marcharé porque ese será el día de mi partida.
me levantaré derrengada desde el centro del silencio
me marcharé porque ese será el día de mi partida.
De nuestra partida con las sombras que se
han alojado en nosotros
adonde llegue la lluvia que todo lo lava
salga el sol para siempre
y nos empuje con pasos de lluvia por sueños espirales
tranquilizadores
de margaritas y árboles hasta donde yo tampoco sepa quién soy.
adonde llegue la lluvia que todo lo lava
salga el sol para siempre
y nos empuje con pasos de lluvia por sueños espirales
tranquilizadores
de margaritas y árboles hasta donde yo tampoco sepa quién soy.
![]() |
| FOTO: www.zotal.com |
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Sopó
sábado, 9 de mayo de 2020
Así me siento mejor
a este lugar sin paredes, sin luz, sin piso, solo con techos y ventanas,
a ningún sitio, dizque porque era el mejor cerco para cuidarse los ancianos,
como los que son llevados a un santuario en espera de un milagro.
a ningún sitio, dizque porque era el mejor cerco para cuidarse los ancianos,
como los que son llevados a un santuario en espera de un milagro.
No obstante, todo el día lo
desando con euforia de aquí para allá en dos zancadas, de a poco, repasando lo
que me falta por vagar hasta perderme.
Por las noches de luminosidad
microscópica
(enigmático, tal vez explicable)
me dedico a excluir las lunas que tienen los planetas del universo sin estrellas,
unas veces. Otras, a calcular los vacíos de las estrellas fugaces que tienen planetas sin satélites. Y así me siento mejor, sin ocupación, sin mejoría, sin que los médicos ni mis hijos se enteren nunca.
(enigmático, tal vez explicable)
me dedico a excluir las lunas que tienen los planetas del universo sin estrellas,
unas veces. Otras, a calcular los vacíos de las estrellas fugaces que tienen planetas sin satélites. Y así me siento mejor, sin ocupación, sin mejoría, sin que los médicos ni mis hijos se enteren nunca.
Ambos, forzarían de nuevo mi
reingreso, y de nuevo impedirán mi salida después de la pandemia.
Lo que me digo de él
UNA
NOCHE MONÓTONA, FRÍA, DE LUNA ROJA, de ´tormenta´, ya viejo, recuerdas tu niñez junto a tu padre nonagenario,
encerrado como en un mausoleo, digamos, por confinamiento. Decides contarla con
ojos de tercera persona, trechos en prosa trechos en poesía. Atajas tus deseos.
Valoras que es mejor narrarla en primera voz antes de que la imagen se
desvanezca en la isla de la memoria.
Sentado en el comedor de tu casa
en La Sabana de Bogotá piensas en no sé por dónde empezar. Buscas una
servilleta de papel, vas a dar donde no hay nada, solo el zumbo del mosquito, el
relajante plop plop de las burbujas en la pecera. Alzas los ojos, memorizas,
organizas, te explicas lo que percibes, sientes, miras a la gata que se sube a
la silla. Cuentas los imanes de la nevera, los sumas a los dedos de tus manos.
Encuentras que podrías llenar páginas y páginas de una lírica ansiosa, para
decir en vaharadas que, junto con tu madre que te albergó en su vientre siete
meses y medio como cosa bajada de lo alto, te proveyó un corazón y los genes de
la calvicie. Te parió en casa en Medellín, a cuatro cuadras de la carrera 45
del barrio Manrique, bautizada Avenida Carlos Gardel. Te dio leche de sus
pechos para conseguirte piernas fuertes. Brazos largos. Dientes duros. Baja
estatura. Ojos para mirar al cielo y asegurar que no estamos solos en el
cosmos, él también te procuró vida.
Y aunque no pudo recibirte con sus
manos agrietadas de albañil en una cementera en 1953 cuando naciste, te bañó, colocó
compresas con vinagre en tus magulladas. Te enseñó a dar los primeros pasos en
un rancho con pisos de barro, techos con hojas onduladas, sin acceso a
servicios básicos, hasta puso una mota de algodón esterilizado en la herida que
dejó la extracción de una muela para que la mordieras, la mordiste y frenó el
sangrado una madrugada en Bello en medio de un torrencial aguacero. ¡Hubieras
visto!
Más crecidito te contó historias
de la violencia que resistió en su juventud en su natal Frontino, que lo llevó a
finales de los cuarenta a Medellín. Te enseñó su fe, a jugar ajedrez, a montar
en su bicicleta hechiza, mitad Raleigh Antigua, mitad con latas, hierros.
Nunca pudiste aprenderle a
silbar. Lo envidiabas. Lo intentaste veces y veces, y aun lo intentas, sin
cubrebocas: meñiques en la boca, lengua hacia adelante o retraída. Solamente un
soplo, débil: ¡fiiiuuuuuuu!
A comienzos de los sesenta hizo con sus manos y
con las manos de sus amigos en ´minga´ un techo en forma para tu cabeza y la de
tus siete hermanos en La Gran Avenida, ya en el barrio obrero en Bello donde te
levantabas, te duchabas, salías con el cabello húmedo, brillante, a la calle a
tropezar con tu naciente vida. ¡Qué vida! De donde regresabas harto, hambriento.
Con cara de dolor que era tu drama de haberte dado bofetadas con otras pieles.
Otros huesos. Otras sangres.
Muchos años cargó con su paga
semanal en la textilera Fabricato comida para todos y ropa. Exclamaba: ¡Gracias
a Dios! Salario que le alcanzó para instruirte con las Dominicas de La Presentación,
con los de La Salle, que te acomodaron para la vida bien, mal.
Te llevó con tu madre a conocer el
gran río Magdalena donde comiste por primera vez coporo o bocachico, pez
originario de su cuenca, que atraviesa toda la geografía de Colombia. Río que
hasta se ha tragado muchas de las palabras con las que has hecho memoria
histórica colectiva y periodismo literario
historias de vida de personas mayores víctimas del conflicto armado
porque sabes que ha cargado bultos de campesinos arrojados, avistado cabezas de pescadores pendiendo de los puentes en sus 1540 kilómetros entre las cordilleras Oriental y Central de los Andes colombianos.
historias de vida de personas mayores víctimas del conflicto armado
porque sabes que ha cargado bultos de campesinos arrojados, avistado cabezas de pescadores pendiendo de los puentes en sus 1540 kilómetros entre las cordilleras Oriental y Central de los Andes colombianos.
Te regaló el primer pantalón largo
jean de azul índigo de rebeldía, aunque no le alcanzó para regalarte el
acordeón de la vitrina una Navidad y te corrige por lo mal hablado que eres.
Te sirvió de aval en la
biblioteca del pueblo donde conociste nombres de hadas, de seres mitológicos. De
pájaros. Ríos. Ciudades. Aprendiste a conversar en tu mente con dos o tres
escritores. A disfrutar la música de más allá del coro de la parroquia. A leer
lo heroico del universo. A empezar a entender que apenas somos una sombra en el
espacio. Biblioteca que demolieron, en cuya sala infantil te transportabas a otro
país, como a Liliput
la nación isleña de Los viajes de Gulliver, de Swift
donde todo se ofrecía en miniatura: mesas, sillas para ´monstruos´ enanos,
ventanas diminutas, estanterías bajas, libros con incipientes portadas de cartón.
la nación isleña de Los viajes de Gulliver, de Swift
donde todo se ofrecía en miniatura: mesas, sillas para ´monstruos´ enanos,
ventanas diminutas, estanterías bajas, libros con incipientes portadas de cartón.
Ese, mi padre Félix Antonio, que
amó a mi madre Blanca Libia ya partida, como los padres de pacíficas virtudes y cruces a
sus espaldas de múltiples colores, con cargas de eternidad que no se escriben,
porque da miedo contar que cada uno poco reflejamos su luz en los propios y
fraternos abismos del purgatorio.
Es lo que me digo de él con
sílabas de gratitud, sílabas de amor, sílabas de admiración para alumbrar su
vida. Y nos veo expresándoselo en vivo, sin tapabocas, con palabras de ofrenda en
sus noventa y cinco junios en Bello, luego de que pase esta ´borrasca´. Si pasa.
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